EL TEATRO
COLECCIÓN DE OBRAS DRAMÁTICAS 7 LÍRICAS
SESENTÓN MEIN
JUGUETE CÓMICO
EN UN ACTO Y EN PROSA
escrito por
D. BRUNO GÜELL
MADRID
FLORENCIO FISCOWIGH, Editor
{Sucesor de Hijos de A. Guilón')
Oficinas: POZAS, 4, 2.°
1900
Ifr
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in 2012 with funding from
University of North Carolina at Chapel Hill
http://archive.org/details/sesentncalavernj25016gell
SESENTÓN CALAMÓN
Esta obra es propiedad de D. Bruno Güell, y nadie
podrá sin su permiso, reimprimirla, ni representarla en
España y sus posesiones de Ultramar, ni en los países en
los cuales haya celebrado ó se celebren en adelante tra-
tados internacionales de propiedad literaria.
Así mismo se reserva el derecho de traducción.
Los comisionados de la galería lírico-dramática, titu-
lada EL TEATRO, de D. Florencio Fiscowich, son
los exclusivamente encargados de conceder ó negar el
permiso de representación y del cobro de los derechos
de propiedad.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
SESENTÓN CALAMÓN
JUGUETE CÓMICO
EN UN ACTO Y EN PROSA
escrito por
D BRUNO GÜELL
Estrenado en el Teatro Granvía de Barcelona
BARCELONA
Tip. dr Manuel Tasis, Tallers, 6, 8 y 10
1900
APASTO
PERSONAJES
ACTORES
EMILIA .
TIBURCIA
D. CELESTE
EMILIO .
ANTONIO
Sra. Castillo.
» Llorens.
Sr. Güell.
» Montero.
» Martínez.
Época actual. Derecha é izquierda del actor
Los materiales de orquesta de las obras de D. Bruno Güell, pueden
pedirse á D. Florencio Fiscowich, ó al autor.
ACTO ÚNICO
Sala elegante, puertas laterales y al foro. Una ventana derecha
segundo término, chimenea, espejo, velador, reloj, etc,
ESCENA PRIMERA
D. CELESTE Y TIBURCIA
(D. Celeste entona la canción del pajarito de la zarzuela
«Vuelta del Vivero>, mientras se arregla frente del espejo)
D. Cel.
TlBUE.
D. Cel.
TlBUR.
D. Cel.
TlBUR.
D. Cel.
TlBUR.
D. Cel.
Pajarito mío... ¿Eh... quién anda ahí?...
Soy yo señor don Celeste.
Ola, celestial portera... Adelante. (Tiburcia
entra con una cesta llena de botellas y fiambres)
Aquí traigo el vino...
Perfectamente; vino y... libertad. ( canta.)
«Es el vino moscatel...» (Transición) ¿Cuánto
cuesta, cuánto cuesta?
Ocho botellas á tres pesetas, pues son...
Tres veces ocho... Déme usted la corbata.
Voy señor.
Colóquemela usted en su sitio. (Tiburcia lo
hace. d. Celeste canta.) «Libertad, libertad sa-
crosanta.» (Aparte.) Esta portera es aún muy
apetitosa. Tiene un cogote que ni un canó-
nigo. (La pellizca.)
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Tibur. Señor... qué hace usted... que pellizco.
D. Cel. No me había apercibido. Dispensa. ¿Has
traído los fiambres?
Tibur. Y que no huelen bien que digamos. Huela
usted, huela usted.
D. Cel. Exquisitos. Perfume encantador. Si el ami-
go Petrales no queda contento de mi coope-
ración á su obra, digo que no tiene ver-
güenza... (Transición.) ¿Hace frío hoy? ¿hace
frío?
Tibur. ¿Hombre, en Agosto?
D. Cel. Justo... es verdad. Ya veo, excelente Ti-
burcia que es usted una magnífica porte-
ra... Voy á estenderla el nombramiento de-
finitivo de camarera única y exclusiva de
mi señoría independiente...
(canta.) «El buey suelto bien se lame...»
Tibur. Y bien que lo necesita usted. ¿Cómo andará
usted de calcetines?
D. Cel. Estropeado hija, estropeado.
Tibur. Como todo hombre soltero.
D. Cel. Qué, ¿soltero? Viudo... Tiburcia,
hace quince años, y además padre,
cir, expadre de una hija.
Tibur. Qué, se ha muerto, ¡pobrecita!
D. Cel. ¡Un cuerno!... No señora, viva y muy
viva...
Tibur. ¡Ah!... yo que sé; ocho días que estoy en
la casa...
D. Cel. Estos precisamente hace que me jubilaron
de padre.
Tibur. No conozco esta jubilación... Y esto que es-
toy en clases pasivas...
D. Cel. Pues muy sencillo. Que hace ocho días ter-
miné mi misión de sereno; digo de padre,
porque casé mi hija...
Tibur. Ah... vamos...
D. Cel. Ah... vamos... vamos, abrócheme usted
esos puños...
Tibur. Voy señor.. (Lo hace.)
D. Cel. Y cuanto almidón...
(Cantando.) «Estos son los calzones del seño-
rito...»
(Lo dicho. Esta portera es tentadora.)
(Pellizco.)
viudo...
.. es de-
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Tibur. Señor... que.no le abrocho si no está usted
quieto...
D. Cel. Tienes razón... No me había apercibido.
Abrocha, abrocha...
Tibur. ¿Conque casó usted su hija?
D. Cel. Con un millonario, joven y guapo... Al fin
pude descargarme... Digo no, al fin llegué
al día más feliz para un padre... porque
usted no puede figurarse que felicidad es
casar una hija... cómo puede usted figurar-
se! (Transición.) ¿Usted ha sido padre alguna
vez?
(Gravedad.) Yo he sido madre...
Ah, si es verdad, usted debe de haber sido
madre; pero no; para saber lo que yo digo
es necesario haber sido padre, y padre viu-
do... padre mártir...
¿Mártir?
Claro... No ve usted que un padre viudo no
es como una madre... porque no puede dor-
mirse...
Tiene guasa...
Lo que tiene es mortificación... Duérmase
usted con una hija de dieciocho años, te-
niendo al lado un novio millonario, joven y
guapo. Tráigame el chaleco... eso es...
Ahora el frac...
Que frac... Si tengo que irme con esta ees
ta.,.
Si estaba aquí preparado.
Ah. es verdad... Como tenía que ir á ver al
ministro por una recomendación que me
hizo mi yerno. Y debo de ir... Pero, ¿y la
invitación de mi amigo Petrales? Nada,
nada, primero es la obligación... que los
afectos paternales... Al fin soy libre, goce
mos de esta libertad... Venga la cazado
ra... eso... y el sombrero cordobés... así.,
¿qué tal? A gozar... á vivir... Bastantes
años ejercí de padre viudo... hoy es la pri
mera vez que vuelvo á mi anhelada inde
pendencia.
(cantando.) «Viva, viva la independencia.»
Tibur. ¿Qué? ¿Va usted á salir?
D. Cel. ¿Que si voy á salir?... Pregunte usted cuán-
Tibur.
D. Cel,
Tibur .
D. Cel.
Tibur.
D. Cel,
Tibur.
D. Cel.
Tibur.
D. Cel.
10 —
TlBUR.
D. Cel.
TlBUR.
D. Cel.
TlBUR.
D. Cel.
do volveré á entrar. Salimos yo, y las bo-
tellas, y los fiambres, y las ilusiones.
Pero señor, que locura...
Es verdad... Toma; de gozo te pellizco..,
(Lo hace.)
Que manía tiene usted con lascarnes ajenas.
Tienes razón, no me había apercibido...
Anda ve á buscarme un coche que me con-
duzca á la estación del Norte. ,.
Voy volando.
Sí, vuela, vuela... y te daré en volviendo
dos pellizquitos de propina.
ESCENA II
DON CELESTE, solo
¡Ah! ¡ah! quién estuviera ya en el Esco-
rial... Al fin me veo libre como el gorrión...
Repasaré otra vez la cartita de mi amigo.
«Mi pillín amigo.» Pillín... cómo me cono-
ce. «Te he tolerado que pasases aún ocho
«días en"tu habitual esclavitud para que
«encontraras después más sabrosa tu pri-
«mera embestida de libertad. Rompe tus
«cadenas y vuela á mi lado, donde te espe-
«ra la aureola de libertad y donde te espe-
«ran una opípara mesa y unas opíparas
«modistas amigas mías y amigas de la
«juerga!...» ¡Sopla, sopla! media docena de
modistas... Añadiré media docena más de
botellas... Las nueve... y diez... aun podré
alcanzar el tren de las once... Oigo pasos...
será Tiburcia... sí, ella es.
ESCENA III
D. CELESTE Y TIBURCIA
Tibur. El coche espera.
D. CEL. Pues andando. (Coje la cesta y se dispone á salir.)
Tibur. ¡Ah! Me se olvidaba... Un joven muy pre-
ocupado y muy pálido desea ver á usted.
Aquí está su tarjeta.
— 11 —
D. Cel. «Antonio Sedoso...» (Deja caer la cesta.) Cayó-
se la casa á cuestas. Pero no podías decir
que no estaba en casa...
Tibur. Pero si ya...
D. Cel. Toma imbécil. (Pellizco.)
Tibur. Ay, ay, señor.
D. Cel. Dispensa no me había apercibido... Pero
debías haber dicho que no estaba en casa.
Tibur. Bueno, voy y le diré que usted me ha dicho
que no estaba en casa.
ESCENA IV
DICHOS Y ANTONIO
Anto. No es necesario...
D. Cel. SiQué? Es que te
escuece el confesar que has sido tú el que
ha transigido en nuestra cuestión... Ven,
dame un abrazo. Esta galantería, te recon-
cilia conmigo.
Emilio. Te. aseguro. ..
Emi. Nada, nada, un abrazo entre los tres y se
terminó el asunto. (Quedan abrazados con la mu-
ñeca en medio. Aparece D. Celeste.)
ESCENA XV
dichos y don celeste
D. Cel. Bravo... Benditas sean las reconciliaciones.
Emi. Mira papá, mira que bonita es, parece de
veras...
D. Cel. Ya lo creo... Mañana te pedirá sopitas.'
Emilio. (¡Ah! ya caigo, ha sido papá el que la ha
mandado.)
D. Cel. Bravo, mi querido yerno, bravo. Así se ha
cen las cosas. Este es un golpe maestro.
Una transición honrosa.
Emilio. Pero sí usted...
D. Cel. Sí, hombre, has hecho bien; al. fin y al cabo
es tu mujer y hay que contentarla.
Emi. Voy enseguida á ponerme el sombrero, y á
casa.
D. Cel. ¡Eso! idea sublime: á casita, á casita, hijos
míos... (Y yo al tren... al tren...)
Emi. Vuelvo enseguida.
ESCENA XVI
DON CELESTE Y EMILIO
D. Cel. Muy bien, mi querido yerno. Ves cuan
pronto lo has arreglado.
Emilio Eso deseaba decirle á usted, al par que sig-
nificarle mi disgusto, porque ha obrado
muy de ligero.
D. Cel. ¿Pero qué dices?
Emilio. No disimule usted. La intención es buena,
pero ella ha creído de esa manera, que yo
había cedido, y eso perjudica mi autoridad
marital.
D. Cel. Pero hombre, ¿estás loco?
Emilio. Sí, persista usted en querer ocultar que ha
sido usted el que ha mandado el bebé.
D. Cel. Claro que persisto. Como que es verdad.
Como que has sido tú.
Emilio. Le juro á usted que no.
D. Cel. ¿Hablas de veras?
Emilio. De toda formalidad.
D. Cel. Esto si que es curioso... Tú no has sido; yo
tampoco... (Ah demonio, habrá sido Anto-
nio, que enterado del asunto...)
Emilio. Pero yo sabré quién ha sido. El bebé, es del
bazar X; pues el bazar me lo dirá.
D. Cel. Hombre, el bazar habla...
Emilio. Y el atrevido tendrá que cruzar una bala
conmigo.
D. Cel. (¡Ay, ay! ¡qué marimorena!) Verás, quería
llevarlo oculto; he sido yo...
Emilto. No, no ha sido usted.
D. Cel. Caracoles, te digo...
Emilio. Que no lo creo... ¡A ver! en el fondo de la
cajita va un billete.
D. Cel. Un billete... La metimos.
Emilio. Y en verso...
D. Cel. Tenorio falsificado.
Emilio. (Leyendo.) «Salí de España»
«con rumbo á Cuba.»
D. Cel. (Cantando.) En un paquete
de Nueva York.
Emilio. «Volví muy rico»
«te hallé perjura.»
D. Cel. Basta no sigas.
Lo he hecho yo.
Emilio. No es verdad, qué infamia.
Vea usted A. S.
D. Cel. As. Este, as. Este acusa las cuarenta...
Emilio. No. Antonio Sedoso... El antiguo novio de
— 23 -
mi mujer. Sí, ahora recuerdo haberle visto
esta mañana rondando los balcones de mí
casa... ¿Pero cómo ha podido saber el mise
rabie que mi mujer deseaba?... Oh y sabré...
ESCENA XVII
DICHOS Y EMILIA
Emi. Ya estoy dispuesta.
Emilio. Pues dispóngase usted á morir.
Emi. ¿Vestida? Qué guasa se trae mi marido,
¿verdad papá?
D. Cel. Sí, mucha guasa, mucha.
Emilio. Y para completarla voy á hacer añicos esta
miserable muñeca.
Emi. ¿Y por qué?
Emilio. Porque me da la gana...
D. Cel. Eso... porque le da la gana y deja que te la
destroze.
Emi. No quiero... Es su regalo, y es tan pre-
ciosa...
D. Cel. Bueno... déjala... yo te compraré ana me-
jor.
Emi. No, no, que como ésta ninguna me gustará.
Emilio. Por eso precisamente quiero hacerla pe-
dazos...
Emi. Qué barbaridad.
Emilio. Qué narices, digo yo.
D. Cel. ¡Eso! qué narices, dice él... Déjalo mujer,
si no será peor.
Emi. Pues no me da la gana.
D. Cel. Nada, ya lo ves, que no le da la gana... (y
el tren que habrá marchado.)
Emilio. Pues bien, ¡cojo esos versos! ¿ve usted se-
ñora esos versos? los envuelvo en una bala,
y va usted luego á buscarlos en el corazón
de su amante.
Emi. ¡Pero, Emilio!
D. Cel. ¡Pero, Emilio!
Emilio. Nada me ataja. Adiós.
— 24
ESCENA XVIII
DON CELESTE Y EMILIA
Emi. ¿Pero qué lío es este?...
D. Cel. Pues ya lo ves, un lío de una muñeca. Y se
va á batir... Oh, yo no puedo consentir.
Emi. A batirse... un duelo... mi marido... un
duelo... un duelo...
D. Cel. No te sulfures, que los duelos con pan...
Emi. Es que no quiero que se bata porque le
amo, le adoro, le idolatro.
D. Cel. A buena hora mangas verdes...
Emi. Oh, corra usted, impida usted este duelo.
D. Cel. Y dónde voy ahora sin guía ni norte... A la
estación del Norte, allí... digo, no.
Emi. ¡Corra usted ó se queda usted sin hija! me
suicido.
D. Cel. ¡Canastos! (Pues buena se va poniendo la
cosa para marcharme...) Voy, voy... (No
hay más remedio saldré en el tren de las
dos.)
ESCENA XIX
EMILIA luego ANTONIO
Emi. Oh, Dios mío... que emociones,.. ¿Pero por
qué se habrá desafiado mi marido? y ¿con
quién se habrá desafiado?
Anto. Conmigo, señora.
Emi. ¿Usted aquí, caballero? ¿Y es usted quien
va á batirse con mi esposo?
Anto. Asi dicen que lo desea.
Emi. ¿Pero por qué? ¿Qué ha hecho usted?
Anto. Pues mandarle el bebé que tanto anhelaba.
Emi. ¿Usted? ¡Ah! ¡¡no ha sido él!! ¡Caballero,
salga usted!...
Anto. Señora, yo la amaba... la amo... y...
Emi. Salga usted...
(En esto, se apoya en la mesa, y su mano tropieza con
la carta que ha leído del principio D. Celeste.)
¡Cielos! ¡Qué es esto! «Rompe tus cadenas.»
- 25
Anto.
Emi.
Anto.
Emi.
Anto.
Emi.
Anto.
Emi.
Anto.
Emi.
Anto.
Emi.
Dios mío... Se nublan mis ojos... «Media
docena de modistas.» «Opípara cena.» Esto
es ana infamia. He de vengarme... A los
ocho días de casado, cena con media doce-
na de modistas...
Señora, siento...
¡Ah! Está usted aún aquí. Bien hecho. Ven-
ga usted, siéntese usted aquí... Ola, en esta
cesta hay provisiones. Así almorzará usted
conmigo.
Pero si acabo de almorzar.
No importa. Debe usted repetir. (Prepárala
mesa.)
(Me va á dar una indigestión...)
O almuerza usted conmigo, ó no vuelve us-
ted á verme en su vida.
(A trueque de un cólico; no me resisto.)
Eso es... Almorzaremos y luego irá usted
en busca de un coche...
Con mil amores...
Y nos daremos unas vueltas por la Caste-
llana.
Magnífico.
Pero coma, coma usted más y beba, beba;
choque usted, (chocan las copas.) Lo ve us-
ted... cuando menos se piensa salta la feli-
cidad; choque usted...
ESCENA XX
dichos y don celeste
D. Cel. ¡Uy! un choque. Nada, que no puedo dar
con él; dónde se habrá metido este chico.
Emi. Con las modistas.
D. Cel. Zape... Me ha suplantado. ¿Pero qué es
esto? Álcese usted inmediatamente. Está
devorando mis provisiones.
Anto. Caballero, soy un convidado.
Emi. Sí, papá, lo he convidado yo...
D. Cel. ¿Y con qué derecho?
Emi. Ah, cuando tú sepas el derecho...
— 26 —
Anto. Ya ve usted que...
D. Cel. Vayase usted enhoramala... Vaya un lata
que es usted, hombre. Hasta en la sopa voy
á encontrarlo.
Anto. Caballero... eso de lata...
D. Cel. Que se vaya... he dicho.
Emi. Sí, vaya usted por el coche y vuelva presto.
Anto. Al momento.
D. Cel. ¿Un coche? Pero esto es Jauja.
Emi. No se detenga usted, Antonio.
Anto. Volando.
ESCENA XXI
DON CELESTE Y EMILIA
D. Cel.
Emi.
D. Cel.
Emi.
D. Cel.
Emi.
D. Cel.
Emi.
D. Cel.
Emi.
D. Cel.
Emi.
¿Quieres explicarme qué significa todo esto?
¡Un almuerzo! ¡Un coche! ¡Un lata en mi
mesa!! Si tu marido llega á saber eso.
No me hables de él, papá.
Estás ida...
Es un villano... Me engaña miserablemen-
te... Sépalo usted, ¡¡¡tiene queridas!!!
¿Queridas?
Media docena...
Atiza... será turco...
Y tengo las pruebas en mi poder... Ah, pa-
pá... cuan desgraciada me has hecho.
Otra vez...
Venga papel, pluma y tintero, voy á es-
tender mi demanda de divorcio...
Pero hija mía, esto es el acabóse.
Como que se acabó.
ESCENA XXII
DICHOS Y EMILIO
Emilio. No Lo encontré. No importa; donde lo en-
cuentre lo pulverizo.
D. Cel. Yerno, yerno...
Emi. Es inútil que juegue usted su vida por mí,
caballero... Pronto dejaré de pertenecerle.
Emilio. ¿Por qué?
Emi. Porque voy á presentar esta demanda de
divorcio hoy mismo.
D. Cel. Es preciso. Nos hemos de divorciar.
Emi. Para que quede usted libre y pueda cum-
plir con la media docena de modistas...
D. Cel. (Caracoles... También éste. Entre él y yo,
docena completa...)
Emilio. Emilia... este insulto... yo te juro...
Emi. Conque usted jura. Voy á confundirle.
D. Cel. Esto. Confúndale, confúndale...
Emi. (Leyendo.) «Mi pillín amigo. Te he tolerado
que pases ocho días en tu habitual escla-
vitud.
D. Cel. (¡Uy!... La carta de mi amigo Petrales...)
Emi. «Y unas opíparas modistas amigas mías y
amigas de la juerga... media docena...»
Emilio. Pero esto es una infamia...
D. Cel. Esto es una juerga... digo, una infamia...
Emilio. Y yo no sé de qué me hablas.
D. Cel. Claro, y no sabe de qué le hablas...
Emilio. Le aseguro que estoy en Babia.
D. Cel. Lo creo... Lo creo...
Emi. Cómo, le apoyas tú, papá.
D. Cel. Sí, ahora hago de apoyo...
Emilio. Quién firma este libelo...
D. Cel. Serán las modistas...
Emilio. «Tu pillín amigo Petrales...»
D. Cel. Petrales, Petrales... Esta carta sé de quién
es...
Emi. ¿Lo sabes tú, papá?
D. Cel. De Antonio. Recuerdo que esta mañana
cuando vino á verme, la traía en la mano
y la dejó olvidada aquí encima de la mesa.
Emilio. ¡Lo ves celosa!
Emi. Mira el santurrón de Antonio. Fíese usted
de los hombres, cuando hace un momento...
Emilio. Qué, has hablado con él...
D. Cel. Ca, hombre... ca... Nada, abrazaos hijos
míos, y sea este incidente, ligera nube de
Verano... (Recoje las botellas y arregla las cestas
disponiéndose á marchar. Ellos se abrazan.)
(Gracias á Dios. No hay más remedio; sal-
— 58 -
dré en el tren de las tres. ¡¡Cómo hallaré el
arroz, Dios mío!!)
Emi. ¿Qué es lo que vas hacer, papá? ¿Acaso, no
vienes á comer con nosotros?
D. Cel. Imposible... precisamente, un negocio...
Emi. Ah, pues en día tan venturoso no debemos
desampararte... y pues si no quieres venir
con nosotros, iremos nosotros contigo.
(D. Celeste, que trae ya en la mano la cesta, al oir
esto, se le cae de las manos.)
D, Cel. (¡Caracoles!... ¡Adiós, modistas!)
Emi. "¿Verdad, Emilio? Un día tan venturoso
como el de una buena reconciliación, debe
pasarse al lado de los padres. Veamos,
¿dónde ibas á comer?
D. Cel. Pues al... el... il... ol... 'Con vosotros á tu
Casa. (Cojiendo á los dos y abrazándoles.)
Emi. Divinamente... á comer, y luego al teatro...
Estás contento...
D. Cel. Ya lo creo, contentísimo. (¡Pero señor, qué
he sacado con casar á mí hija!...)
Si es que obtengo tu perdón
público amado y amigo,
renuncio de corazón
á ser, formal te lo digo,
Sesentón Calaverón.
FIN
OBRAS PROPIEDAD DE D, BRUNO GÜELL
El dúo con la sultana, zarzuela bufa. (1)
Un cien pies, zarzuela bufa. (2)
El Tío Fresco, juguete cómico-lírico.
De telón adentro, zarzuela cómica.
Bouquet Nacional, revista cómico-lírica.
Castigo del cielo ó la muela de Julio, juguete cómico.
Bocanegra, zarzuela cómica.
Sesentón calaverón, juguete cómico.
La carabina de Ambrosio, juguete cómico.
( 1) Libro solo
(2) Libro solo
PUNTOS DE VENTA
En casa de los corresponsales de esta
Galería ó acudiendo al editor, que con-
cederá rebaja proporcionada al pedido á
los libreros ó agentes.